Libros por Silvana Angelini

Cormorán 1970 y la cultura como memoria viva del pueblo.

El tema de septiembre en ARTV son los cincuenta años de la elección de la Unidad Popular como proyecto asociado a las artes. En ese contexto, en Memoria Chilena, el sitio web de la Biblioteca Nacional, está disponible la revista Cormorán número ocho, publicada en 1970, donde varios escritores firman un documento donde resumen y dan a conocer su propuesta para el Gobierno de la Unidad Popular. Este escrito lo titulan “Política Cultural” y fue firmado por los escritores Enrique Lihn, Germán Marín, Antonio Skármeta, Jorge Edwards, Alfonso Calderón, Poli Délano, Luis Domínguez, Ariel Dorfman, Cristián Huneeus, Hernán Lavín Cerda, Hernán Loyola, Waldo Rojas, Federico Shopf y Hernán Valdés. Todos integrantes del taller de Escritores de la Unidad Popular.
Esta revista representó un espacio donde se conversó sobre arte, literatura, música y más. Fue guiada por dos escritores, Enrique Lihn y Germán Marín, quienes creían en la idea de la construcción de un nuevo proyecto social con la llegada del Presidente Salvador Allende en 1970. La cultura, según este documento, formaba parte fundamental en la construcción de nuestra identidad y el lugar que ésta tenía en la vida de los chilenos y chilenas.
Cormorán duró solo un año y sacó ocho número, su precio era de cinco escudos y fue impresa y distribuida por editorial Universitaria. Ayudó, sobre todo, a crear un mapa de lo que sucedía en Chile en ese momento, qué se leía, qué se escribía, que se veía en el cine, qué se escuchaba. El académico César Zambrano en un artículo de Conicyt comenta: “nuestra hipótesis es que Cormorán fue decisiva en contribuir al debate sobre el papel de la cultura en el proyecto de la Unidad Popular, desde una posición de izquierda no militante que defendió la autonomía relativa del arte con el fin de evitar concebir la práctica artística como suplemento representacional de una ideología”.
En el sitio de Memoria Chilena se puede ver la revista completa, la editorial anuncia lo que será la declaración de estos escritores. El triunfo de Salvador Allende, según este documento, “abre al país posibilidades inéditas en su desarrollo político, social y cultural…se delinea una suerte de humanismo integral para quienes debemos ser participes como trabajadores de la cultura… De esta manera Cormorán quiere a la vez alentar, en la medida de sus fuerzas, un diálogo sin riberas entre los chilenos de buena voluntad preocupados de la política cultural que deberá orientar la acción futura”.
En dos páginas definen un programa, sin dejar de lado la mirada crítica y sin dejar de reseñar autores y libros extranjeros. Este grupo de escritores se pregunta: “¿Cuál debe ser el papel responsable del intelectual y del artista que se demuestren como tales en el curso del proceso?… Nuestra historia se evidencia como una dura búsqueda de expresión nacional, marcada por grandes realizaciones individuales que constituyen una tradición desde la cual todo esfuerzo renovador ha de surgir”.
Al igual que el programa cultural de la Unidad Popular, era fundamental promover la recuperación de una identidad nacional-popular, pero a su vez, este grupo no deja de lado la mirada suspicaz relacionada a la cultura y al programa político de ese entonces. Este documento finaliza con la idea de crear el “Instituto Nacional de Cultura” y la “Corporación de Fomento de la Cultura”. Ya que el papel de los creadores sólo se cumple en la práctica “mediante la incorporación de los artistas e intelectuales a ciertos y determinados organismos de poder, siempre que tales organismos se estructuren bajo una genuina inspiración y cuenten con en apoyo oficial que comprenda la auténtica y vital función de la cultura”.
Hay dos reflexiones interesantes en la publicación de Cormorán, la primera es que proponen ideas concretas para unirse al programa político relacionadas con la literatura y el arte, y lo segundo es que hacen alusión a lo siguiente: la cultura y la política tienen relación con nuestro ser, con nuestra dimensión ontológica: “Así, la transformación de nuestra sociedad debe darse en términos de una comprensión de nuestro ser que haga posible el proceso y que recoja sus experiencias. De otro modo, incluso el intento mismo de transformación de nuestras estructuras económicas resulta viciado”.
En este sentido, estos escritores realzan la importancia de la cultura en un programa político en donde nuestro esencia sea fundamental, sin dejar de lado, como decía Milan Kundera que “la cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”.

http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-71644.html



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