SELECCIONES | El Censor, Argentina, 1995

La censura, ese fruto de la ignorancia que se transforma en enemiga de las artes en general y del cine en particular tuvo una macabra cara visible durante la última dictadura militar argentina: Miguel Paulino Tato, quien dirigió el Ente de Calificación Cinematográfica en la Argentina entre 1974 y 1980. Bajo su mandato se eliminaron secuencias completas de cientos de filmes mientras que decenas de películas fueron simplemente prohibidas, transformándose no solo en enemigo de la cultura, sino que también en la pesadilla de directores y distribuidores.

Con una cara dura impresionante, Tato se justificaba en su pasado como crítico cinematográfico, oficio que según él lo transformaba en el programador de cine de todo un país que evitaba que los argentinos vieran “mal cine”, pero ciertamente lo que primaba en sus decisiones era su fanatismo religioso y su ideología pro-dictatorial.

Es en la historia de este triste funcionario en la que Eduardo Calcagno (1941) se inspira para dirigir su cuarto largometraje que se transforma en un testimonio de una época en la que el cine gozaba de una carga cultural y popular difícil de imaginar hoy en día.

Captura de pantalla de la película El Censor del argentino Eduardo Calcargno, parte de la recomendación de este mes de Martín Núñez para ARTV.

El gran peso de El Censor se lo lleva el actor Ulises Dumont (1937-2008), quien es capaz de expeler un aura despreciable en cada fotograma. Con su baja estatura y su exuberante genuflexión hacia las figuras de poder (encarnada por el chileno Patricio Contreras), la interpretación de Dumont refleja con firmeza el talante de esos entes grises cuya exigua cuota de poder es capaz de llevarlos a la megalomanía.

Al inicio del film se nos muestra a Dumont convertido en Raúl Veirave (la versión cinematográfica de Tato), quien sentado en su moviola va haciendo cortes a un film ficticio para luego verlo actuando con igual encono tanto en contra del cine popular italiano, materializado en la figura de Gloria Guida, como en contra del cine de mayor ambición cultural, esta vez materializado en la obra maestra de Liliana Cavani, El Portero de Noche, y contra el mismo cine argentino, en una figura inspirada en el genio del cine Leopoldo Torre Nilsson, para, conforme avanza el metraje, ir revelando al personaje de Veirave en su intimidad laboral y familiar, ambas igual de despreciables.

Calcagno reflexiona sobre el cine y la miseria humana eludiendo con pericia los vicios del cine de la década de los noventa y con sobriedad fotográfica y musical nos va acercando a la psiquis del censor hasta que en una jugada cien por ciento cinematográfica la película hace una elipsis de ocho años y nos lleva a la vida de Veirave una vez terminada la dictadura, momento en el cual la película da un giro temático que expone aún más la miseria del funcionario una vez despojado de su cuota de poder, esta vez en una Argentina diferente, en la que cada expresión de libertad parece confrontar personalmente a Veirave, quien se pasea en un mundo desconocido. El mismo mundo que hasta hace pocos años dominaba.

Martín Núñez, colaborador, Canal ARTV.



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