Libros por Silvana Angelini

Para el mes de febrero, Silvana Angelini nos recomienda entrar a la narración epistolar, desgarradora y biográfica de la artista colombiana Emma Reyes en «Memoria por correspondencia«, libro que se convirtió en best seller en Colombia.

Ser devorada por las entrañas de la tierra

La artista colombiana Emma Reyes escribió varias cartas en 1969 a un amigo contando su dolorosa infancia que fueron finalmente publicadas el 2012 con el título de “Memoria por correspondencia”. Un hermoso y desgarrador relato sobre su niñez, la hermandad, y cómo una niña se convierte forzosamente en mujer y finalmente en artista.

Reyes nació en 1969 en Colombia. El libro son cartas escritas en primera persona de una niña, la relación con su hermana Helena y su supuesta madre María, ya que nunca las niñas le dicen madre, sólo María. Ella, durante todo el relato cumple un rol más bien de maltrato y abandono. En sus cartas, Emma cuenta todas las veces que se cambiaron de casa, los traslados en caballo y en las espaldas de hombres, cómo las dejaban a ella y a su hermana encerradas mientras María salía a trabajar y los insultos que les decían porque creían que su “madre” era prostituta. En un momento del libro confiesa:

“En ese momento aprendí de un solo golpe lo que es la injusticia y que un niño de cuatro años puede ya sentir ese deseo de no querer vivir más y ambicionar ser devorado por las entrañas de la tierra”.

Su amigo, a quien le escribió las cartas, quedó muy conmocionado con los relatos, Emma Reyes ya era una artista en Colombia, y decidió mostrarle los textos a Gabriel García Márquez, quien animó a Reyes a seguir escribiendo. El libro se convirtió en un best seller en Colombia. El libro no sólo narra los sufrimientos y desventuras de ambas niñas, sino que también los pequeños goces y aventuras de las hermanas, el humor de Emma que acompaña el libro es genial, hay una mezcla de humor y melancolía. Vemos el mundo desde su mirada, una mirada única, desgarradora, y fuera del mundo, un universo de extrema pobreza, y donde la única compañía y amor se la da su hermana Helena. Una niña de 5 años narra un terreno sin reglas con sus ojos bizcos, donde la obligan a barrer y limpiar.

El libro se divide en dos partes, la primera cuenta todo el escenario de las dos niñas con María, donde es común los constantes viajes, varios abortos, y niños que nacen y los abandonan. María dejaba a Emma y Helena abandonadas días y noches, y una vecina a veces las visitaba porque se moría de pena: “la bacinilla ya estaba llena de nuestros excrementos y empezamos a ocupar el platón. La vecina venía una sola vez al día y nos dejaba una grande olla de mazamorra”. Era común que las niñas no les comprara ropa, ni las bañara, además les pegaba constantemente, las obligaba a lavar, planchar y hacer todas las tareas domésticas. La segunda parte del relato comienza cuando María las abandona en una estación de tren, en este momento un cura las lleva a un convento. Aquí podríamos pensar que la vida de ambas niñas podría mejorar y encontrar un poco de paz después de vivir de manera miserable. Pero, en vez de esto, se enfrentan a otro tipo de estructura, igual de miserable. Llegan a un convento de monjas donde las hacen levantarse a las 5 am, trabajar en la cocina, limpian, y bordan a mano hasta casi quedar ciegas: están encerradas durante 15 años sin ver la luz del exterior.

En el convento se hace más fuerte la relación de las hermanas, se hacen inseparables:

“Creo que fue en ese momento que nació entre Helena y yo una especie de pacto secreto y profundo, un sentimiento inconsciente de que éramos solas y que nos pertenecíamos la una a la otra”.

Ambas trabajan día y noche y se acompañan, no saben qué es peor, si haber vivido con María o el trabajo con las monjas. Lo único que vuelve más liviano el relato son las aventuras de Emma en el convento, ya que no sabe quién es Jesús o la Virgen María, se ríe de los curas, se escapa de misa, es una niña salvaje que las monjas quieren domesticar.

El eje central y episodio del convento que describe Reyes fue fundamental para que se convirtiera en artista. Las monjas la obligaban a bordar durante jornadas extensas con sus pequeñas manos, hilvanaba largos manteles que luego las monjas vendían en el exterior. Ese proceso finalmente hizo que Reyes se conectara con el arte y se convirtiera en la artista que fue, la base de su obra se forjó en ese lugar, con todo lo ingrato y horrible de esa experiencia. Al final del libro y por casualidad, logra escapar del convento: “respiré un aire que no olía a convento…antes de ponerme en marcha hacia el mundo me di cuenta que ya hacía mucho tiempo que yo ya no era una niña”.

A continuación, te dejamos algunos datos para adquirir un ejemplar de «Memoria por Correspondencia» de Emma Reyes y también la recomendación de Silvana correspondiente al mes de enero.



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