SELECCIONES | «Por favor, quiero todos los libros de Silvina Ocampo»

No se qué es mejor, si la forma que narra Mariana Enríquez la vida de Silvina Ocampo o la vida en sí de Ocampo. Este libro La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo fue publicado por Ediciones Universidad Diego Portales el 2014 en la colección “Vidas ajenas”, que edita la periodista Leila Guerriero. Lo escribió una de las escritoras y periodistas actuales más talentosas, la argentina Mariana Enríquez, quien tras una larga lectura e investigación publicó 200 páginas sobre esta extraña figura de la literatura.

Ocampo es sin duda, como menciona la contraportada, “una de las mejores cuentistas del Río de la Plata” y escritora fundamental de la literatura argentina del siglo XX. Pero para que este reconocimiento llegara, Ocampo fue años tabú para la academia, “opacada” por la figura de su marido, el famoso escritor Adolfo Bioy Casares, como por su mejor amigo Jorge Luis Borges y su hermana, Victoria Ocampo. Digo, “opacada” y casi me arrepiento de usar esa palabra, porque es justamente uno de los temas fundamentales del libro, además de cómo se percibía su figura pública y el mito que la rodeaba, su bisexualidad, el poco éxito que tenía en su época, su familia burguesa, la muerte de su hermana Clara y más, mucho más. Un libro interesante y bien documentado que se lee como una novela.

Enríquez parte el libro con la imagen de Ocampo arriba de un árbol y continúa con la frase “Silvina es la menor de seis hermanas”. Poco después analiza el primer poema en prosa, el cual narra la visita de los mendigos a la casa del campo de los Ocampo en los veranos, unas de las familia más ricas y aristócratas de Argentina. No es casual que Enríquez haya escogido este poema para partir, creo que tiene una rara similitud con su último libro Nuestra parte de noche y la descripción de los mendigos que hace Ocampo: “Aquellos mendigos eran del color de las hojas secas/no eran de carne,/eran del color de la tierra, no tenían sangre…”. Creo que este primer poema que elige y analiza Enríquez, expresa quizás su interés por escribir sobre la figura de Ocampo. En esta composición hay algo terrorífico que describe la mezcla de la sangre con el cuerpo, y a su vez se relata un ambiente desagradable y siniestro, temas sin duda presentes en la literatura de Enríquez.

Mariana recopila muchísimas fuentes bibliográficas, testimonios de amigos y amigas de Ocampo, críticos, obviamente analiza todos los libros de la autora, tiene entrevistas con el albacea, y más. Avanza cronológicamente, cuenta su niñez; la muerte de su hermana Clara, donde afirma “yo creo que ahí empezó mi odio a la sociedad”; sus estudios como pintora, donde Enríquez comenta que “antes de ser escritora fue pintora”; sus estudios en París y su llegada a Buenos Aires en 1933. Aquí entra la trama de su marido, diez años menor que ella, Adolfo Bioy Casares “hermoso y ligero, de una amabilidad exquisita… lo que más le gustaba en la vida era la literatura. Y las mujeres”, con esta descripción, aparece el que será el gran amor de la vida y también, y muchas veces su fuente de sufrimiento hasta su muerte en 1993 a los noventa años.

Bioy Casares se casa con Silvina Ocampo en 1940, Enríquez describe con lujo de detalles la ceremonia, casi como si hubiese estado ahí. También aparece otro personaje, el escritor Jorge Luis Borges, quien fue amigo de la pareja de toda la vida; y su hermana, otra escritora importante y feminista Victoria Ocampo, con quien siempre tuvo una relación tirante. Enríquez está constantemente citando biografías y entrevistas, creo que estas tres personas marcaron una de las ideas más importantes del libro: la sombra, el segundo plano, la hermana menor. Es decir, por una parte, menciona Enríquez “quienes la admiraban fervorosamente decretan sin duda que fue ella quien eligió ese segundo plano”, sobre todo ante figuras como Bioy Casares, Borges y su hermana Victoria, quienes aparecían más mediáticamente, y que le hacían sombra a Silvina. Esta complejidad se mantiene durante todo el relato. Hay dos preguntas que menciona Enríquez; ¿por qué no fue famosa en su época? y ¿de qué manera estas tres personas le hicieron permanecer en el anonimato? Y quizás una tercera es, si realmente la propia Silvina quería estar lejos de todo, lejos de la efervescencia literaria. Estas constantes dudas, esta tensión, se mantiene durante todo el relato. Como lectores nunca tenemos una respuesta definitiva, y eso hace hermoso e inquietante el libro.

Enríquez muestra siempre una doble cara, una doble lectura a los mitos sobre Ocampo. Este libro es una especie de novela que corre rápido, avanza en el tiempo sin que nos demos cuenta. Las historias relacionadas a su bisexualidad las repasa y estudia, los pelambres literarios, la mítica historia cuando “comparten” sexualmente a la sobrina de Silvina con Bioy, la supuesta relación amorosa de Ocampo con la madre de su esposo, su relación con Alejandra Pizarnik, lo mal que se comía en la casa de Bioy y Silvina, lo infeliz que era Ocampo con los amoríos de su marido, y a su vez el amor incondicional entre ambos, las rencillas literarias, la adopción de su hija Marta. Creo que habría que escribir un libro sobre el libro de Enríquez. Es muy rico y complejo, entretenido y triste, y vemos la complejidad de una escritora como Ocampo.

Este libro funciona perfecto más allá de que si hayamos leído o no a Ocampo, cuenta la historia de “un ser rarísimo y con una literatura que no se parece a nadie”, según el periodista Ernesto Schoo; que enamoró a Alejandra Pizarnik y María Moreno y que según todos los que la conocieron, la describían como fascinante. Ocampo publicó cuentos, poemas, novelas, teatro, cuentos infantiles, varias antologías y libros en conjunto. Esta indiferencia a la hora de su lectura en su época, según Enríquez, es “quizás porque la obra de Silvina Ocampo coincidió en el tiempo con la publicación del trabajo de las más exitosas novelistas argentinas muy populares y best- sellers… su literatura llegaba a un campo más pequeño de lectores. Con los años, quizás injustamente, aquellas escritoras languidecen en mesas de saldo, mientras Ocampo cuenta con lujosas reediciones”.

Creo que las partes más interesante del libro son cuando Enríquez menciona cuando a Bioy Casares, Borges, su hermana Victoria, o algún crítico o crítica se escandalizaba con la literatura de Ocampo, temas que se fueron exacerbando en el tiempo. Es esperanzador y rupturista que nunca haya cedido a este impulso de escribir como ella quería, y que “los actos más crueles de sus cuentos estaban tomados de la realidad, de las noticias o de cosas que le habían contado”, según le confesó a Noemí Ulla, amiga y estudiosa de la autora. Silvina Ocampo por Mariana Enríquez es un libro imperecedero, lleno de imágenes interesantes, que reflejan una época, y que tratan de encuadrar a una escritora, que nos deja llenos de contradicciones, y con ímpetu de leer todo, absolutamente todo lo que escribió Silvina Ocampo.

Silvana Angelini, colaboradora, Canal ARTV.

Portada del libro "La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo" de Mariana Enríquez, reseñado por Silvana Angelini para ARTV.


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