Libros por Silvana Angelini

Durante este mes de enero, la recomendación literaria es traída nuevamente por nuestra colaboradora Silvana Angelini para ARTV.

Cierta cara que una vez amé

“Porque entendía, aunque mamá y papá pensaban que no entendía, que ese era nuestro último viaje juntos, en familia”, esta es una de las ideas centrales del libro de la mexicana Valeria Luiselli Desierto Sonoro. La frase la dice uno de los hijos del matrimonio. La familia se compone de madre, padre, “niña” de cinco años, y “niño” de diez, quienes emprenden un largo viaje desde New York hacia Arizona. Al final del trayecto, el matrimonio se romperá y los hermanos se separarán. Esta premisa está detallada en las primeras líneas, pero la autora en 500 páginas no solo mezcla la historia familiar sino que suma una de las obsesiones personales de Luiselli: los millones de niños y niñas que cruzan la frontera de México a Estados Unidos y mueren en el desierto.

Luiselli narra primero la historia de cómo la pareja que guía la novela se conoce, y en especial el misterioso oficio de ambos: grabar paisajes sonoros, registrar sonidos. El marido es más bien el artista del sonoridad, graba pájaros, elementos de la naturaleza y tiene la obsesión de viajar a Arizona para registrar a los indios norteamericanos. Por su parte, la mujer, es periodista y le interesa el tema de los niños perdidos y los que mueren desde México a Estados Unidos. Ella entabla una relación con una amiga, Manuela, y la ayuda a transcribir unos papeles para liberar a sus hijas detenidas en Texas que viajaron ilegalmente.

Este primer acercamiento hace que nazca una obsesión que se vuelve más aguda. A la pareja los une el ímpetu de estampar el sonido del mundo, sellar el eco sonoro y darle vida. Trabajaron juntos varios años en la Universidad registrando sonidos, y como mencionan en una cita de R. Murray Schafer “escuchar es una forma de tocar a la distancia”. En este periodo se enamoraron y tuvieron dos hijos, pero con el paso del tiempo, como dice la protagonista “cierta cara que una vez amé” dejó de ser familiar. A partir de este desencuentro y desamor, emprenden el último viaje como familia, donde al final terminarán separados. Esta es la historia de “dos personas que han dejado de entenderse, porque han elegido dejar de entenderse”, del amor y del odio. Comenta la protagonista además que “en el matrimonio solo existen dos tipos de acuerdos: los acuerdos que una persona insiste en mantener y los acuerdos que la otra insiste en infringir”. Este último viaje en auto, es hermoso e íntimo, lleno de anécdotas familiares, humor y tristeza. Finalmente el esposo se queda en una ciudad y ella en otra con su hija. La protagonista comenta: “supongo que todas las historias comienzan y terminan con un desplazamiento”.

Una segunda historia

El segundo relato que se entrelaza a la narración familiar es la obsesión de la protagonista por el paso de niños y niños para cruzar la frontera. Ella comienza de a poco a leer varios libros sobre el tema, informarse en las noticias, y traducir los papeles para su amiga Manuela para ayudar a sus hijas de ocho y diez años a cruzar la frontera, ya que vienen caminando y no hablan inglés. Al final del relato sabemos que ambas mueren tratando de alcanzar a su madre.

Esta segunda historia se va desarrollando y cobra más y más importancia, ella relata cómo los niños tienen que saltar a los techos de los trenes (las “bestias”) para cruzar la frontera, donde la mayoría muere en esta odisea, o cómo los atraviesan los “coyotes” (hombres a los que se les paga por cruzarlos), o de qué manera detienen a los niños en albergues y los deportan. La parte más devastadora es cómo otros mueren en el camino, sin que nadie los puedan encontrar. Luiselli mezcla magníficamente un relato dentro de otro, es decir, hay una historia que construye de unos niños que cruzan la frontera, una metaficción delirante, que va creciendo. Cuenta la historia de varios niños que tienen que cruzar la frontera y sus hazañas para lograrlo. En un momento del libro, los hijos “niño” y “niña” de los protagonistas deciden ir a buscar a las hijas de Manuela, en un acto compasivo. Le dejan una nota a sus padres y llevan un mapa para encontrarlos. En el trayecto se les pierde el mapa, montan un tren y se encuentran con los otros niños ficticios durante el viaje. Esta mezcla entre la “realidad” del relato y la “ficción” dentro de la historia es hermosa, Luiselli hace un viaje de ambos niños, un cruce sicótico y bello que emociona, ambos mundos hablan, ambos niños dialogan y se encuentran en un universo paralelo. Finalmente los padres se encuentran con sus hijos y retoman el viaje.

Desierto Sonoro es la historia de cuatro personas, de una familia que “vivían adentro del mismo mapa” y se separan, de un matrimonio que se quiebra, del amor fraternal, de la distancia, del viaje, de lo que se apaga y se prende. Pero también de una guerra invisible e histórica que son los millones de niños y niñas que mueren tratando de cruzar la frontera de México a Estados Unidos, las familias que se rompen y todas las pérdidas relacionadas. Pero sobre todo es un libro sobre abrir nuevas rutas que desembocan en caminos desconocidos.



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