SELECCIONES | La Raulito, Argentina, 1975

“Desde que nací estoy escapándome, no me hallo en ningún lugar” es una de las muchas frases memorables dichas por la actriz Marilina Ross mientras encarna a La Raulito, uno de los personajes más simbólicos del cine argentino. La película es dirigida por Lautaro Murúa, quien pese a nacer en la región chilena, es en Argentina donde no sólo desarrollaría el grueso de su carrera, sino que como actor, se convierte en uno de los protagonistas absolutos de la renovación del cine argentino, junto a directores como Leopoldo Torre Nilsson y Manuel Antín.

La Raulito es su cuarto largometraje como director, y también el más popular. En éste (con guion de Juan Carlos Gené, Martha Mercader y José Paolantonio), Murúa nos comparte su mirada sobre los límites con que la sociedad establece su relación con las personas, mientras se busca despojar al humano de su propia identidad, que en el caso de La Raulito es el de un joven vulnerado y transgénero sin consciencia de esto último, pues su postura disidente sobre su propia sexualidad es la consecuencia de su propia disidencia frente al cuerpo social, disidencia que se traduce en la persecución de la estructura estatal sobre su ser, pues como reza el mismo personaje, se ve obligado a pasar “de la cana al loquero, del loquero el juez, del juez a la cana…” en un bucle que le impide desarrollar su verdadera identidad, y es solo cuando elude a la institucionalidad que alcanza sus escasos momentos de libertad.

Pese a que el film no se centra en el aspecto transgénero de la Raulito, este es fundamental para comprender el discurso del mismo. La Raulito desafía las convenciones porque no cree en ellas, y, para La Raulito el género es un aspecto más de su supervivencia como una ser doble o triplemente marginado, marginación que está por sobre las definiciones de género.

En este aspecto son decidoras las líneas que en determinado momento le dice a uno de los pocos personajes que le da cobijo: “Yo no quiero ser hombre, lo que no quiero es ser mujer, no quiero sufrir más”, en este sentido Murúa nos hace patente que su intención es hablar de esa marginalidad que resiste al autoritarismo estatal gracias a las múltiples disidencias que adoptan quienes viven fuera de la norma.

Murúa se centra en el drama y la denuncia, que rehúye del panfleto, para explorar la humanidad tras un personaje que vive siendo perseguido por ser distinto, lo que no quita que el director desempeñe una notable labor tras las cámaras, porque además de su cuidada pero sobria propuesta cinematográfica, La Raulito nos regala inolvidables secuencias de una veracidad que solo se logró filmando con la cámara oculta, estos momentos en los que vemos a la Raulito ganarse la vida en las calles de Buenos Aires le imprimen a la película un realismo (más cercano al documental que al cine-verdad) que termina por lograr que en la misma Raulito veamos a miles de seres humanos excluidos, ya sea por su condición de género o por su estilo de vida, pero que finalmente son excluidos por su auto (in)consciente marginalidad.

Martín Núñez, colaborador, Canal ARTV.

Aviso chileno de la película argentina La Raulito, parte de la reseña de cine de Martín Núñez para ARTV.


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