SELECCIONES | «Para la mujer, matar es mucho más difícil»

En las primera páginas del libro “La guerra no tiene rostro de mujer” la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich y ganadora del Premio Nobel de Literatura el 2015, dice “intento recordar la persona que fui al escribir el libro. Ya no existe, y no existe el país donde vivíamos entonces. El mismo país que defendían y por el que daban la vida, entre 1941 y 1944”.

Sin duda este es uno de los libros más importantes e impactantes que se han publicado, y que gracias a la Perestroika de Mijaíl Gorbachov el libro pudo ser publicado en 1985, ya que antes de esa fecha, Aleksiévich había intentado varias veces que viera la luz inútilmente. La nueva edición publicada por Debate el 2002, incluye conversaciones que fueron censuradas, todo esto que inicialmente fue rectificado inicialmente para no deshonrar el honor de la patria, una patria que quería contar solamente la historia oficial masculina, la de la victoria, dejando en silencio a millones de mujeres que vivieron la guerra de manera invisible.

Svetlana Aleksiévich en una entrevista al diario The New Republic publicada el 2016 comentó que ha buscado un método literario que la acerque lo más posible a la vida real: “la realidad me atrae como un imán, me tortura e hipnotiza, y necesito capturarla y escribirla en papel… esta es la manera en que escucho y veo el mundo, como un coro de voces individuales y un collage de detalles de la vida diaria… así puedo ser simultáneamente escritora, reportera, socióloga, psicóloga y predicadora”. Esta cita es clave, ya que la autora ve al mundo como un todo, por eso este libro es tan rico, abarca todas las aristas de la vida de las mujeres, su vida más privada, sus miedos, sus deseos, cómo se sienten la primera vez que matan a un hombre, o cuando se cortan el pelo, o cuando vuelven al hogar, y mucho, mucho más, la vida más oculta, privada y triste de todas

El libro cuando se publicó en 1985, se reimprimió de inmediato y vendió más de dos millones de copias al instante, era la primera vez que las mujeres hablaban sobre su experiencia en la Segunda Guerra Mundial en la Unión Soviética. Inicialmente el libro se terminó de escribir en 1983 y se publicó al año siguiente en una edición más breve en la revista Oktyabr, una revista literaria soviética. Esta misma publicación fue famosa porque divulgó el gran libro “Vida y destino” de Vasily Grossman en 1988.

En una de las primeras conversaciones, un historiador le confiesa a la autora que, a pesar de que existían más de un millón de mujeres en el ejército soviético, llegó a surgir un problema lingüístico porque el femenino de las palabras “tirador”, “infante”, “conductor de carro de combate” no existían, y nacieron en la guerra. Si las mujeres han estado presente en la guerra desde el siglo IV a.C. en Atenas y Esparta, según el mismo historiador, recién en la Segunda Guerra Mundial se hicieron visibles. Llama la atención que en algo tan simple y tan simbólico como el lenguaje, las mujeres ya estuvieran intangibles en la guerra.

En “La guerra no tiene rostro de mujer”, Svetlana Aleksiévich dice que “todo lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la ´voz masculina´. Todos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones ´masculinas´. Las mujeres mientras tanto guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado nada a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre”. Como menciona, es una guerra desconocida para todos, y y peor aún es que nos extrañe pensar que nunca antes esta historia fuera contada, es decir, dar por sentado que esto estaba bien, o que estábamos acostumbrados a que fuera natural no saber de esas voces, de esas experiencias. No se qué es peor, no saber de sus historias, o no asombrarse de que no existiera este libro antes.

En hora buena llegó Svetlana Aleksiévich para contar sobre “el ser humano en la guerra, de la historia de los sentimientos… de la vibración de la eternidad… para mi, los sentimientos son la realidad”. Se abre con este libro una nueva manera que se aleja del canon, de la historia oficial, y se detiene en lo pequeño, en lo inasible. Para ella “la guerra femenina es más terrible que la masculina. Los hombres se ocultan detrás de la Historia, detrás de los hechos… mientras que las mujeres están a expensas de los sentimientos”. Una de las ideas que más duelen del libro está en esta reflexión: “en el centro está la insufrible idea de la muerte, nadie quiere morir. Y aún más insoportable es tener que matar, porque la mujer da vida. La regala. La lleva dentro durante un largo tiempo, la cuida. He comprendido que para la mujer matar, es mucho más difícil”.

Este libro recoge los testimonios de manera coral de cientos de mujeres que estuvieron calladas por cuarenta años, es un relato literario que recopiló Aleksiévich. Ella se sentaba a escuchar a las mujeres que pelearon en la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Algunas cuentan por ejemplo, cómo en la mitad de la noche en una retirada a una de ellas le llegó la regla mientras la tomaron prisionera, o cómo a otra se le cortó la menstruación por meses y meses.

Varios de los relatos, aluden a un tema interesante, la idea de sentirse hombre y mujer, la pérdida del género, o de la incorporación de roles: “la sensación que tengo es que he vivido dos vidas: una de hombre y otra de mujer”. Muchas de ellas no se pudieron casar o tener hijos, otras si, pero muchas aluden a este tema, de sentirse privadas de sus identidades: “¿cómo se aprende a vestir con falda? era como andar con las piernas atadas. Salías vestida de civil, con zapatos y si, te cruzabas con un oficial, levantabas la mano sin querer para hacer el saludo militar… había que aprender de nuevo las cosas cotidianas. Recordar la vida cotidiana ¡la vida normal!”.

Muchas volvían a sus pueblos natales sin que sus propias madres las reconocieras. La mayoría de las mujeres partían al frente ilusionadas, alegres, eufóricas a los catorce años, les enseñaban a disparar o lanzar granadas, dependiendo el lugar que fueran asignadas o la poca experiencia que tenían. Pero lo cierto es que la guerra era un estado horroroso que les había costado asimilar, una de ellas comenta “odiar y matar no es propio de las mujeres. No lo es, tuvimos que convencernos… obligarnos a nosotras mismas”. El libro cuenta la primera vez que matan a un hombre, cómo se les golpeaban los huesos a cada de ellas cada vez que lo hacían, y cómo regresaban hechas pedazos, con “el alma que duele mucho” porque “todo mi ser desfallece de dolor, mi rostro ya no ha sido nunca más un rostro de mujer”.

Después de cada relato o fragmento de guerra, está escrito el nombre de la mujer que lo cuenta y el rol que tuvo en la guerra, “sargento, francotiradora”, “sargento, enfermera”, “cirujana militar”, “teniente de Guardia, piloto al mando”, “capitana de las fuerzas aéreas”, “soldado de infantería”, etc. En otras partes del libro Svetlana narra episodios y encuentros con mujeres que visita, donde se leen más como episodios, no tan fragmentados, más literarios donde vemos su mirada, como antes contaba, de socióloga y psicóloga, o más bien, derechamente de escritora: “¿qué somos en realidad, de qué estamos hechos? ¿de qué material? ¿cuál es su resistencia? Eso es lo que quiero entender”.

El libro Svetlana Aleksiévich, a pesar de lo cruento, terrible e inexplicable, es un imán en su lectura. Las mujeres cuentan por primera vez su historia, su mirada, una atisbo que nunca antes había sido descubierto. Una verdad personal que nos hace inevitablemente pensar ¿cuál de todas ellas quizás hubiese sido yo? ¿de qué manera la idea de Patria que ellas sentían a los catorce años se podría replicar hoy en día? ¿quién de nosotras hoy iría a pelear al frente? y si fuera así, ¿quién escribiría nuestra historia?

Silvana Angelini, colaboradora, Canal ARTV.

Portada del libro La guerra no tiene rostro de mujer de la escritora Svetlana Alexiévich en la reseña literaria de Silvana Angelini para ARTV.



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